Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La situación era grave realmente, y una borrasca temible se formaba contra él en Inglaterra. Cuando se supo que había dejado salir de Tolón a una armada compuesta de casi cuatrocientas velas, y que durante un mes la había buscado inútilmente en el Mediterráneo, es decir, en un gran lago, todo el mundo se preguntaba si era un traidor que merecía ser juzgado; y del almirante Saint-Vincent se susurraba que era una cabeza de chorlito acreedor de una corrección del Almirantazgo por haberle propuesto como contraalmirante a un oficial indigno de tan alta graduación.
La única esperanza de Nelson se cifraba en nosotros, o por mejor decir, en mí.
Yo debía conseguir de la Reina que, no obstante los tratados con Francia, pudiese Nelson recibir todos los socorros necesarios de los gobernadores de los puertos de Sicilia; porque, si la corte de Sicilia se mantenía dentro de los términos pactados con Francia, Nelson se vería obligado a proveerse en Gibraltar, y en tal caso estaba perdido.
Solamente una brillante victoria podía salvarle.
Esta carta que el 22 de julio escribía a lord Saint-Vincent dará una idea del estado de su ánimo:
Siracusa, 22 de julio de 1798.
Mi querido lord: