Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Y nunca se ha colocado en el hombro de ninguna otra persona, no siendo usted? —pregunté a Nelson.
—Nunca.
—¿Ni se ha dejado coger por otra mano que no fuese la suya?
—Jamás… Con todo, si usted lo probase…
Alargué la mano. El pajarillo se dejó coger. No sé por qué, me sentÃa muy complacida de tener algo de común con el héroe.
Solté el pájaro, que fue a posarse encima del hombro de Nelson.
—¡Ah! señora, pruébelo Vuestra Majestad también.
La Reina alargó la mano, pero el papafigo dio un grito, y, arrancando el vuelo con dirección a la ventana, desapareció.
Nelson me estrechó la mano, a cuya demostración correspondà estrechando la suya.
Este incidente, en el que luego pensé frecuentemente, nos distrajo unos instantes de la iniciada visita al barco. Contando los agujeros abiertos por los proyectiles enemigos en el Van-Guard, no se concebÃa que el buque no se hubiese ido a pique.