Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —DÃgnese Vuestra Majestad escucharme con paciencia —dijo el duque de Ascoli haciendo una reverencia—, o de lo contrario me veré obligado a marcharme para ir a decirle al Rey que Vuestra Majestad no ha querido prestarme atención.
—¡Hable usted!
—Pues bien, señora; estábamos ayer en el palco de Su Majestad, en el teatro Apolo, cuando, sobre las nueve de la noche, se abrió repentinamente la puerta y vimos aparecer al general Mack, cubierto de lodo como hombre que acaba de atravesar por largos y fangosos caminos. «Señor —dijo—, aquà está un hombre que se halla en el desesperado caso de comunicarle la noticia de que hemos sido derrotados en toda la lÃnea y puestos en precipitada fuga; y la única esperanza de salvación para Su Majestad consiste en que parta inmediatamente para Nápoles. Viéndome libre de los cuidados que me impone el vigilar por su preciosa vida, procuraré rehacer el ejército y tomar un desquite».
—¡Miserable orgulloso! —murmuró la Reina.