Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Al entrar en su aposento, la Reina tocó el timbre y dio orden de preparar el coche.
Como yo la mirase para adivinar su pensamiento:
—Ya comprenderás —me dijo—, que no quiero dejar nuestra seguridad a merced de ese egoÃsta que, para salvarse, querÃa sacrificar a su mejor amigo. SerÃa capaz de huir a Sicilia con su escopeta de caza y su jaurÃa, sin preocuparse lo más mÃnimo de nosotros.
—¡Cómo, huir a Sicilia! ¿Por ventura cree Vuestra Majestad que el Rey piensa salir de Nápoles?
—¿Y qué quieres que haga? Dentro de quince dÃas los franceses estarán aquÃ. Afortunadamente, nos queda Nelson. ¿En qué situación te encuentras con respecto a él? Espero que no le habrás puesto en trance desesperado.
—Nelson hará lo que nosotros dispongamos —respondà sonriendo.
—Está bien. Ya es demasiado tarde para mandarle decir esta noche que baje a tierra; pero mañana por la mañana, es preciso que conferenciemos con él.
—¿Por qué es demasiado tarde ahora? Dos palabras mÃas le harán venir a cualquier hora de la noche. Son las ocho; a las nueve y media podemos estar en Nápoles; a las diez, puede haber recibido mi aviso, y media hora después estará en palacio.
