Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —No dejen entrar más que al señor Acton, a milord Nelson y a sir Guillermo Hamilton —respondió Carolina con acento claro y breve, que era en ella sÃntoma de estar vivamente irritada.
Con su propia mano colocó en la mesa recado de escribir.
—Escribe —me dijo.
Cogà la pluma y escribà velozmente estas palabras.
¡Venga! la Reina y yo le esperamos en palacio, por un asunto importante.
EMMA.
—¿Qué le dices? —preguntó Carolina.
—Simplemente, que venga.
—¡Cómo!, ¿eso no más?
—No es necesario decir más.
—¡Emma, Emma! —exclamó la Reina—; tú le dejarás escapar.
—¿Soy o no soy su piloto?
—SÃ, ciertamente; pero…
—Entonces, ruego a Vuestra Majestad que me deje hacer.
—Obra como te parezca.
Pero, al paso que daba su asentimiento, Carolina hizo un movimiento de hombros, indicando que, en mi lugar, habrÃa ella procedido de diferente modo.
No me cuidé de ello.