Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Por qué no le dispensa Vuestra Majestad el honor de llamarle fiel, señora?
—Porque es una palabra que no existe en el diccionario de los cortesanos.
—¿Y el duque de Ascoli?…
—Ese no es un cortesano; es el amigo del Rey. Cuando el Rey se siente dichoso, Ascoli le dice las verdades más amargas. No sigue tu sistema, aduladora, que nunca me dices ninguna.
—¿Es culpa mÃa el que, a Vuestra Majestad, solo sea posible prodigarle alabanzas?
La Reina me abrazó, y se puso a pasear a lo largo de la habitación. De vez en cuando, iba a la azotea, y, a través de la oscuridad, dirigÃa la mirada a la flota inglesa, cuyos buques se distinguÃan a la luz de sus faroles.
—¡Oh, Nelson! tú eres nuestra única salvación —murmuraba siempre que miraba hacia aquella dirección.
En una de estas idas y venidas, se acercó a mà y me dijo: