Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Concibes, puedes explicarte cómo cincuenta y dos mil hombres bien armados y equipados hayan podido dejarse vencer por diez mil o doce mil franceses, medio desnudos, hambrientos, descalzos y sin municiones? Ahora están provistos de todo, menos de zapatos, salvo que nuestros soldados no se hayan descalzado para correr más de prisa. ¡Oh! si yo fuese hombre, ¡con qué afán me lanzara en medio de aquellos cobardes oficiales y les hubiese arrancado las charreteras! Momentos hay ten que me dan ganas de montar a caballo, como mi madre MarÃa Teresa, para humillar a ese Rey holgazán.
En esto llegó Acton.
—Aquà estoy, señora —dijo—. La carta ha sido enviada a su destinatario, y si milord Nelson pone al servicio de Vuestra Majestad una sola mitad de la diligencia que yo pondrÃa, antes de quince minutos le tendremos entre nosotros… Ahora, ¿quiere Vuestra Majestad decirme de qué se trata?
La Reina condujo a Acton a la pieza inmediata. QuerÃa dejarme a solas con Nelson; acaso también ella tenÃa que dar esas secretas y terribles órdenes que frecuentemente yo no conocÃa hasta después de cumplidas.