Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Encerrado, desde su desembarco en Sicilia, en una celda del convento de la Grancia, había meditado mucho tiempo su plan, y no veía el momento de vengarse de la negativa que anteriormente se le había hecho de un cargo militar, para demostrar que tenía más iniciativa y más valor que todos los generales que habían huido con el Rey para entregarse a las delicias de la caza y del revesino.
Semejante proposición valía la pena de ser tomada en consideración por más que al pronto hubiese sido acogida con dudas y reparos; pero Ruffo, que mantenía activa correspondencia con todos los miembros de su familia y que había enviado cinco o seis mensajeros a Calabria, demostraba con tanta evidencia que aquella provincia solo esperaba su llegada para levantarse, que el Rey dio su aprobación al proyecto del cardenal, y, considerando que no había tiempo que perder para ponerlo en ejecución, prometió a Su Eminencia que de allí a tres días recibiría el nombramiento de vicario general.
Ruffo pidió que, puesto que el Consejo estaba reunido, se redactasen inmediatamente sus credenciales; pero el Rey manifestó que él quería encargarse de la redacción.
Cuando Fernando se expresaba en estos términos, ya se sabe lo que eso significaba: el asunto corría a cargo de su Consejo íntimo, constituido por la Reina, el general Acton y sir Guillermo Hamilton.