Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Mientras sir Guillermo escribía esta carta, el barco se había puesto en marcha, de suerte que solo distábamos dos o tres millas de la bahía.
Resultó de ello que, cuando Nelson subió al puente, vio lo que aún no había podido ver a causa de la distancia: las banderas de parlamento flotando en los castillos ocupados por franceses y rebeldes, y en el buque inglés Sea Horse.
Este espectáculo llevó al colmo su indignación. Inmediatamente mandó acercarse al Culloden y Alexandre, hizo subir a bordo del Foudroyant a los capitanes Troubridge y Ball, les entregó la carta de sir Guillermo, y ordenó que fuesen al puerto de la Magdalena para entregar el despacho al cardenal Ruffo.
En un bote tripulado por doce vigorosos remeros, los dos oficiales atracaron al puerto de la Magdalena y encontraron al cardenal Ruffo que los esperaba. Con un anteojo Su Eminencia había seguido todos los movimientos del Foudroyant y visto arriar la canoa que condujo a tierra a los dos oficiales.
Estos le entregaron el mensaje de que eran portadores. Ruffo se enteró de su contenido y supuso que Nelson desaprobaba la capitulación por la única razón de haberse atacado a Nápoles sin esperar la llegada de la escuadra inglesa, según estaba convenido.