Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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Consideró que una visita personal a bordo del Foudroyant, en la que explicaría al almirante los apremiantes motivos que le habían inducido a atacar a Nápoles, lo conciliaría todo. Llevado de ese parecer, se embarcó en la canoa de los capitanes Troubridge y Ball, y se dirigió al Foudroyant, que saludó su llegada con trece cañonazos.

Nelson le aguardaba arriba, junto a la escalera, en compañía de sir Guillermo, que dominaba el francés y el italiano, e hizo a Ruffo los honores del buque y le acompañó al camarote en el que yo me había quedado.

Al verme, el cardenal Ruffo hizo un movimiento; sabía que no era él persona afecta a la Reina, y que, antipatías o simpatías, yo participaba de todos los sentimientos de la Reina.

Saludé con frialdad; se cambiaron los cumplidos de rúbrica, y el cardenal empezó a contar en excelente francés los acontecimientos del 13 y 14 de junio, que habían dado por resultado la capitulación.

Nelson dijo que él no podía ver en el tratado otra cosa más que un armisticio; pero Ruffo señaló uno por uno todos los capítulos y demostró que era, no una suspensión de armas, sino un tratado válido y terminante, tratado que no podía romper la llegada de la escuadra francesa ni la llegada de la inglesa.


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