Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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No por eso dejaré de narrar los detalles de aquel terrible día, a pesar de que, narrándolos, se siente desgarrada mi alma.

Apenas Caracciolo pisó la cubierta del Foudroyant, se dio orden de iniciar su proceso.

Nelson desplegaba en ese terrible asunto una actividad febril y colérica que no se concibe, ni siquiera por el desprecio que hacia la vida ajena sienten aquellos que exponen la suya propia a diario, a cada instante.

Se ha pronunciado la palabra envidia; se ha preguntado si Nelson veía en Caracciolo un rival de gloria.

La acusación es absurda; ni aun en la marina francesa Nelson tenía rival en aquella época. La batalla de Aboukir le había colocado a la cabeza de todos los marinos del siglo XVIII; ningún hombre, desde la invención de la pólvora, había alcanzado una victoria igual a la de Aboukir.

Por lo tanto, ¿qué era Caracciolo al lado del héroe de Tolón, de Calvi, de Tenerife y Aboukir? Muy poca cosa como marino.

¿Estaba Nelson celoso de la superioridad que Caracciolo le llevaba desde el punto de vista del nacimiento? No es probable. Como todos los hombres superiores que de una cuna modesta se elevan a una alta posición, Nelson estaba orgulloso de su origen. No eran sus antepasados los que habían ilustrado su nombre, sino él quien ilustraba el nombre de sus abuelos.


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