Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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Momentos después, sir Guillermo vino a decirme que Caracciolo ya no estaba a bordo del Foudroyant. Aproveché esta circunstancia para subir a cubierta, que bien lo necesitaba, pues desde las siete de la mañana no había salido de mi camarote.

El tiempo estaba encapotado y triste, a pesar de encontrarnos a 29 de junio. Además, el espectáculo que se ofrecía a mis ojos guardaba relación con el tiempo: aquellos jabeques abarrotados de prisioneros, entristecían profundamente el ánimo. Parecía que entre aquellos desgraciados existía una profunda agitación, y entonces supe, por el caballero Micheroux, que vino a bordo, que, después de haberles permitido embarcarse, después de haber puesto guarniciones en los castillos, después, en fin, de haber aprovechado los beneficios de la capitulación, lord Nelson los retenía prisioneros.

He dicho que lo supe por el caballero Micheroux, y véase cómo:

El caballero Micheroux, el cardenal Ruffo y el comandante Baillie habían recibido los tres la siguiente reclamación procedente de los prisioneros:



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