JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Quién se llama aquà Legay? —preguntó el extranjero avanzando hacia el castillo con la mayor tranquilidad.
—Es —contestó el joven bastante turbado— la doncella de la señorita Andrea.
A los desaforados gritos de La-Brie, se presentó una luz alumbrando el rostro encantador de una joven.
—¿Qué quieres, La-Brie? —preguntó aquella—; ¿qué alboroto es ese?
—Corre, Legay —gritó con voz trémula el anciano—; ve corriendo a decir al señor barón, que un forastero, sorprendido por la tormenta, solicita hospitalidad por esta noche.
La joven no esperó que se lo repitieran, y tan ligera se dirigió al castillo, que un instante después, va se habÃa perdido de vista.
La-Brie se detuvo a tomar aliento, seguro ya de que el barón no serÃa sorprendido.
El mensaje tuvo rápido resultado, pues pronto se oyó una voz destemplada e imperiosa, que desde lo alto de las gradas del umbral de la puerta, repetÃa con tono poco hospitalario:
—¡Un forastero…!, ¿quién es? Creo que el que se presenta en una casa, debiera al menos manifestar su nombre.
—¿Es ese el barón? —preguntó a La-Brie, el causante de todo aquel barullo.