JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un MĂ©dico —¡Oh!, señor —repuso con candidez—, opino que hallándose en germen todas las virtudes en el corazĂłn del delfĂn, esta debe estar todavĂa oculta como las demás.
—No me comprendéis, duque, os pregunto si será buen padre de familia.
—Declaro, señor, que no comprendo a Vuestra Majestad. ¿En qué sentido me hace esa pregunta?
—¿En qué sentido?, ¿en qué sentido?… ¿No conocéis la Biblia?
—SĂ, señor, la he leĂdo.
—Pues bien, ¿conocéis a los patriarcas?
—Justamente.
—¿Será buen patriarca?
M. de La Vauguyon mirĂł con tanto asombro al rey, como si le hubiese hablado en hebreo, y dando vueltas al sombrero entre sus manos:
—Señor —respondió—, un gran rey lo es todo.
—Perdonad, señor duque —insistió Luis XV—: Veo que no nos entendemos.
—Procuro, no obstante, explicarme lo mejor que puedo, señor.
—En fin —continuó el rey—, hablaré más claramente.
Veamos, conocĂ©is el delfĂn como si fuese hijo vuestro, Âżes verdad?