JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Hace seis meses que mis relojes andan uniformes como las ruedas de un coche, siendo él sólo quien se cuida de arreglarlos.
—Señor, eso pertenece a la mecánica, y debo también declarar que tampoco he tenido parte en esa enseñanza.
—SÃ: ¿pero matemáticas, náutica?
—¡Ah!, señor, he ahà las ciencias que he pretendido enseñarle.
—Y habéis conseguido vuestro propósito: noches pasadas le oà hablar con M. de Peyrouse, de obenques, palo mesana y bergantines.
—Términos propios de marina… sÃ, señor.
—Y se expresa como un Juan Bart[24].
—Como es profundo en esa ciencia…
—Ya, pero a nadie, sino a vos, debe esos conocimientos.
—Vuestra Majestad me favorece más de lo que merecen mis méritos, atribuyéndome una parte, por corta que sea, en las provechosas ventajas que el delfÃn ha sacado del estudio.
—Duque, la verdad: espero que Luis ha de ser, sin duda alguna, buen rey, buen administrador, y buen padre de familia… ¿qué creéis?, ¿será buen padre de familia?…