JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —No acierto lo que Vuestra Majestad quiere dar a entender.
—Duquesa, nos marcharemos juntos y os lo explicaré. Ahora dejemos a estos jóvenes que se acuesten.
Se alejó un paso de la cama MarÃa Antonieta y se apoderó del brazo de madame de Noailles con más terror, tal vez, que la primera vez.
—¡Oh! Por Dios, señora —exclamó—, morirÃa de vergüenza…
—Señor —dijo la duquesa—, madame, la delfina, os suplica la consintáis acostarse como una simple señora particular.
—¡Cómo! ¿Y vos solicitáis eso? ¿Vos, tan exacta observadora de las leyes de la etiqueta?
—No ignoro, señor, que es contrario al ceremonial de Francia; pero fijaos en la archiduquesa…
Efectivamente, MarÃa Antonieta, de pie, pálida y sosteniéndose contra el respaldo de un sillón, hubiera semejado la estatua del Espanto, a no haberse oÃdo el ligero castañeteo de sus dientes, acompañado del sudor frÃo que inundaba su rostro.
—¡Oh!, hasta ese extremo no pretendo violentar a la delfina —repuso Luis XV, prÃncipe tan enemigo del ceremonial como decidido sectario habÃa sido Luis XIV—, salgamos, duquesa; además, como hay cerraduras en las puertas, será mucho mejor…