JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Y la archiduquesa cogió el brazo de madame de Noailles, sobrecogida por las continuas emociones que habÃa sufrido, mientras se hallaba agitada por ese estado nervioso en que generalmente todo nos sobresalta.
—Soy yo, señora —dijo el delfÃn—, no os asustéis.
—Pero ¿por qué entráis por esa puerta?
—Porque —repuso Luis XV asomando también su cabeza cÃnica por la puerta entreabierta—, porque M. de La Vauguyon como verdadero jesuita, sabe latÃn, matemáticas y geografÃa; pero no sabe lo demás.
Al oÃr al rey tan inopinadamente, la delfina, se deslizó de la cama y se puso de pies, envolviéndose en su gran peinador que la ocultaba tan herméticamente como la túnica de una matrona romana.
—¡Cómo se conoce que es flaca! —murmuró Luis XV—. Cargue el diablo con M. de Choiseul, que entre tantas archiduquesas fue a elegir precisamente esta.
—Podrá observar Vuestra Majestad —dijo madame de Noailles— que en la parte que a mà respecta se ha observado estrictamente la etiqueta, a la cual sólo se ha faltado por el señor delfÃn.
—A mi cargo tomo la infracción —contestó el rey—, es muy justo, pues por mi culpa se ha cometido; mas como las circunstancias eran graves, espero, querida condesa, me perdonaréis.