JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico La que visitaba el delfÃn estaba vacÃa, y la puerta que comunicaba a la cámara, ligeramente entreabierta, resultando que podÃa ver y oÃr lo que pasaba en aquella estancia.
Se esperó algunos instantes, mirando a hurtadillas y escuchando furtivamente, oyó pura y armoniosa, aunque algo trémula, la voz de MarÃa Antonieta que preguntaba.
—¿Por dónde entrará el delfÃn?
—Por esta puerta, señora —contestó la duquesa de Noailles, señalando la opuesta a la que ocultaba al prÃncipe.
—¿Qué se oye por esa ventana? —añadió la delfina—; parece que es ruido del mar.
—Es el rumor de los muchÃsimos espectadores que están paseando a la luz de la iluminación, aguardando los fuegos artificiales.
—¡La iluminación! —dijo con triste sonrisa MarÃa Antonieta—, no estará de más esta noche, ¡el cielo está tan oscuro…!, ¿lo habéis visto, señora?
El prÃncipe, en este instante, cansado ya de esperar, empujó con suavidad la puerta preguntando si podÃa entrar.
Dio un grito madame de Noailles por no haber desde luego conocido al delfÃn.