JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Felipe lo vio venir hacia él rápido y amenazador; los caballos parecían arrojar fuego por los ojos y espuma por las narices. Hizo extraordinarios esfuerzos para desviarse de su paso; pero no lo consiguió: vio abrirse la multitud detrás de él, percibió las cabezas humeantes de los briosos animales, los vio encabritarse como esos caballos de mármol que aguardan la entrada de las Tullerías, y como el esclavo que quiere domarlos, soltando el brazo de Andrea y rechazándola cuanto le fue posible fuera de la vía peligrosa, se lanzó al freno del caballo que se hallaba a su lado, que se alzó de manos. Andrea que vio caer al joven que volvió a levantarse, que cayó de nuevo y desapareció, lanzó un grito, extendió los brazos, fue rechazada, y después de un instante se vio sola y arrebatada como la pluma por el viento sin lograr oponer resistencia alguna a la fuerza que la atraía.