JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —SÃ; pero, aunque la he buscado por ahÃ, los remolinos y oleadas de la gente han hecho inútiles mis esfuerzos. También me he hecho cargo de que si bien el tumulto ha debido arrebatarla, no es menos cierto que una joven se turba al verse extraviada, desconoce dónde va, y sólo procura huir en todas direcciones.
—No es posible, sin embargo, que haya podido contrarrestar a la muchedumbre: yo voy a recorrer las calles, seguidme, y tal vez unidos logremos hallar…
—¿Y vos, a quién buscáis?… ¿A vuestro hijo por desgracia? —preguntó Felipe tÃmidamente.
—No señor, a un joven que casi habÃa prohijado.
—¿Cómo le habéis dejado venir solo?
—¡Oh! Cuenta ya de dieciocho a diecinueve años: se empeñó en asistir a la función, y como es dueño de sus acciones, no he podido impedirlo. Por otra parte: ¿quién habÃa de presumir tan horrible catástrofe?… Pero vuestra luz se extingue.
—Es verdad.
—Vamos, seguidme y os alumbraré.
—Gracias sentirÃa molestaros…