JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —La señorita Andrea, sà señor —dijo el barón extrañando que su huésped estuviese tan bien enterado—; y deseo presentaros a ella. ¡Andrea! ¡Andrea!, ven, hija mÃa, no temas.
—Yo no temo, padre mÃo —contestó con voz dulce y sonora al mismo tiempo, una alta y linda joven que se presentó a la puerta, sin manifestar turbación ni osadÃa.
Balsamo se inclinó respetuosamente ante aquella soberana beldad, a pesar de ser, como ya sabemos, plenamente dueño de disimular sus sensaciones.