JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Hay gran trecho del dicho al hecho; pero lo aproximan todo las inteligencias privilegiadas, pues siempre hallan medios que obstinadamente se ocultan a las demás, ven la verdad en medio de los mayores imposibles, echan puentes sobre los rÃos y escalan las montañas.
Al principio no hizo Gilberto más que desear con todo ahÃnco la ejecución de un proyecto que todavÃa no habÃa formado, pero que se creÃa capaz de obtener, mas a pesar de su decidido empeño, no podÃa menos de conocer que tendrÃa que luchar con terribles obstáculos, y esto le desanimaba.
Pero poco a poco reflexionó después, que aquellos seres afortunados que tanta envidia le inspiraban, no eran más que simples mortales dotados como él de piernas para pasear por el jardÃn, y de brazos para abrir las puertas, imaginando al mismo tiempo la dicha que debÃa experimentar al introducirse furtivamente en aquella casa vedada y al acercarse su oÃdo a las persianas que daban paso al ruido del interior.
Ya no se contentaba Gilberto con desear, y querÃa poner prontamente en ejecución sus planes.
Iba además recobrando las fuerzas con rapidez, porque la juventud es rica y abundante en recursos; de modo que al cabo de tres dÃas, y ayudado por la fiebre, nuestro joven se sentÃa con más vigor que nunca.