JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —No tenemos —repuso Andrea a su padre—, ni la fortuna que permite habitar en tan distinguidos lugares, ni la educación necesaria para alternar con la grandeza que en ellos respira. ¿Qué haré, yo, por ejemplo, sencilla joven, en medio de esas brillantes damas, cuyo mágico esplendor sólo una vez he contemplado, cuyo talento sutil, pero expresivo y picante, he podido ya apreciar? ¡Ah!, padre mÃo, somos muy oscuros para meternos de pronto en el foco de tantas luces…
—¡Abrigas aún semejantes ideas! —exclamó el barón con irritado acento—. No comprendo bien ese empeño que tienen todos los mÃos en rebajar todo lo que pertenece a mi familia. ¡Oscuros! Por Cristo que parecéis loca, señorita. ¡Oscura una Taverney Casa-Roja! ¡Oscura! ¿Pues quién brillará en la corte si no brillas tú? Has hablado de fortuna como si ignorásemos aquà lo que son fortunas en la corte: el sol de la corona las eclipsa y el mismo sol las hace florecer nuevamente: son el pro y el contra de la Naturaleza. Arruinado estoy, ya lo sabemos: pues bien, volveré a la opulencia y a todos nos convendrá muchÃsimo.