JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Ah!, efectivamente: él ha dado un verdadero impulso al asunto de la Chalotais[28]. Por Dios vivo que es un excelente muchacho, y ha sabido enredar perfectÃsimamente el asunto. Vamos, reconoced, condesa, que es hombre digno de que se entienda con él una mujer de talento.
—¿Y suponéis, duque, que no conozco a vuestro sobrino?
—Condesa, ¿habláis formalmente?
—Nunca le he visto.
—¡Pobre joven! Lo cierto es que desde vuestro advenimiento ha vivido constantemente en el fondo de la Bretaña. Señora, cuidado con él, porque no está habituado a mirar al sol.
—¿Y cómo se conduce entre tantas togas? Porque al fin es hombre de talento y noble por su origen.
—Las indispone, no pudiendo hacer otra cosa mejor, porque cada cual se aprovecha de los placeres que le vienen a mano, y como sabéis, no son estos muy abundantes en Bretaña. ¡Y qué activo y desenvuelto es! ¡Qué bien servirÃa al rey si se encontrase a su lado! ¡Oh!, yo os aseguro que en tal caso, no serÃan tan insolentes los parlamentarios. Es un verdadero Richelieu, condesa, y por lo mismo me perdonaréis…
—¿Qué?
—Que cuando llegue os lo presente.
—¿Tiene que venir a ParÃs?