JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Supongo que esta joven no ha de tener motivo alguno para odiar la vida.
—Según y conforme —replicó Andrea.
—¡Otra palabra necia! —dijo el barón—, y lo que siento es que mi señor hijo me saltó el otro dÃa con esa misma contestación al pie de la letra.
—¡Hola! ¿Conque además tenéis un hijo? —preguntó Balsamo.
—SÃ, señor, desgraciadamente tengo un vizconde de Taverney, que ahora es teniente de guardias del DelfÃn: ¡otra buena alhaja…!
Estas últimas palabras las pronunció el barón con marcada acentuación como si hubiese querido tragarlas.
—Amigo mÃo, os felicito.