JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Si hablas, mueres —dijo otra voz a su izquierda.
Ante esta amenaza se inclinó sin contestar.
—Si tienes miedo —añadió una tercera voz que parecÃa salir de las entrañas de la tierra—, retrocede, comprenderemos que desistes, y te dejaremos regresar al punto de donde has venido.
Hizo el viajero una ligera señal con la mano, y prosiguió su camino.
Era tan oscura la noche, y la selva tan espesa, que a pesar de la escasa luz que le servÃa de guÃa, el desconocido tropezaba a cada paso.
De este modo siguió a la luz durante una hora sin manifestar ningún temor, mas de pronto la luz desapareció.
Nuestro viajero comprendió que estaba ya fuera del bosque, y alzando la vista distinguió algunas estrellas a través del sombrÃo azul del firmamento.
Prosiguió su marcha en la dirección que llevaba la luz al ocultarse, cuando de repente aparecieron ante su vista unas ruinas como de algún castillo antiguo.
El viajero tropezó en los escombros.
En aquel mismo momento sintió un objeto helado sobre sus sienes y le cubrió los ojos, no permitiéndole ver ni aun las tinieblas.
Una venda de lienzo mojado oprimÃa su cabeza.