JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Durante un breve instante el crepúsculo exterior que penetraba al través de los árboles, guio sus pasos, mas faltándole a poco aquella tibia claridad, se encontró en una oscuridad tal, que, tal vez temeroso de extraviarse, detuvo su marcha.
—Creo no confundirme —dijo en alta voz—; porque de Mayenza a Danenfels hay un camino que he seguido, y luego por una senda hasta el Matorral Negro; desde este último punto he venido hasta aquÃ, pues a falta de camino o sendero, el bosque me ha guiado: ahora ya nada veo, y estoy obligado a detenerme.
Apenas habÃa dicho estas palabras en un dialecto mitad francés, mitad siciliano, cuando de repente brilló una luz a distancia de unos cincuenta pasos del lugar donde se hallaba.
—Gracias —exclamó—, mientras vea esta luz, la seguiré.
Siguió la luz delante de él caminando sin la menor oscilación y con un movimiento siempre igual, parecido a esas luces fantásticas que vemos a veces en los teatros.
Unos cien pasos habrÃa dado nuestro viajero, cuando parecióle oÃr un extraño ruido a su lado.
—Eres muerto si te vuelves —dijo una voz a su derecha.
—Bien —repuso sin inmutarse el intrépido viajero.