JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señora, os doy mil gracias; pero quiero aguardar a Soubise, que anda corriendo la caza y que no puede tardar en pasar por aquÃ.
—¿Y si va por otro camino?
—No importa.
—Monseñor, concededme el gusto que os pido.
—Os repito, señora, que quedo muy agradecido a vuestras bondades.
—Mas ¿por qué me desairáis?
—Porque no consiento molestaros.
—Cardenal, si os obcecáis en desairarme, os juro que me apearé del carruaje, que haré a uno de mis pajes aguantar la cola de mi vestido y echaré a correr por el bosque como una DrÃada.
Sonrióse el cardenal; y comprendiendo que se interpretarÃa mal su obstinada resistencia, optó por aceptar el ofrecimiento que se le hacÃa.
HabÃa ya cedido el duque su puesto que era el fondo del carruaje colocándose al vidrio, y a pesar de que el cardenal no querÃa consentir aquel honor, se mantuvo el mariscal inflexible.
Nada tardaron los caballos de la condesa en ganar el tiempo perdido.
—Monseñor, perdonad si os hago una pregunta —dijo la condesa al cardenal—. ¿Os habéis reconciliado ya con la caza?
—¿Por qué as�