JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Ahà tienes la carta.
—¿Qué debo hacer?
—Entregarla a quien va dirigida.
—¿Nada más?
—Nada más.
El adepto examinó el sobre y el sello, y viendo que estaban tan intactos como antes, no pudo reprimir un movimiento de placer y se retiró.
—Es desgracia no poder conservar ese papel autógrafo —exclamó Balsamo—, y mayor desgracia aún la imposibilidad de que pase a poder del rey por manos seguras.
Fritz se presentó enseguida.
—¿Quiénes son? —le preguntó el conde.
—Una mujer y un hombre.
—¿Han estado aquà antes de ahora?
—No.
—¿Sabes quiénes son?
—No.
—¿La mujer es joven?
—Joven y muy linda.
—¿Y el hombre?
—Tendrá unos sesenta o sesenta y cinco años.
—¿En dónde se encuentran?
—En el salón.
Se dirigió Balsamo en su busca.