JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico El mariscal empezó a soplarse los dedos y dijo irónicamente:
—Por supuesto, una miseria.
—Una carta confidencial, por ejemplo —agregó Balsamo.
—Es indudable, nada más que eso.
—Una carta de madame de Grammont, ¿no es cierto, señor mariscal?
—Hechicero mÃo, mi buen hechicero, procuradme una —exclamó madame du Barry—. Hace cinco años que la estoy buscando; he gastado ciento veinte mil libras por año y no lo he conseguido.
—Porque no os habéis dirigido a mà —dijo Balsamo.
—¿Qué decÃs?
—Sin duda; si me lo hubieseis dicho…
—¿Qué?
—Os habrÃa sacado de apuros.
—¿Vos?
—Yo mismo.
—¿Y no es tiempo, conde?
—Sà —dijo este sonriéndose.
—¡Ah, querido conde! —exclamó la du Barry retorciéndose las manos.
—¿Conque deseáis una carta?
—SÃ.
—¿De madame de Grammont?