JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Si puede ser.
—Que comprometa a M. de Choiseul sobre los tres puntos que he indicado…
—Por obtenerla darÃa… mis ojos.
—Eso serÃa pagarla a un precio exorbitante, tanto más cuanto esta carta…
—Terminad.
—Os la voy a dar de balde.
Y al decir esto sacó de su bolsillo un papel doblado.
—¿Qué es esto? —preguntó la condesa devorándolo con los ojos.
—SÃ, ¿qué es eso? —repitió el duque.
—La carta que queréis.
En medio del silencio más profundo, el conde leyó a sus dos interlocutores asombrados, la copia de la carta que ya conocen nuestros lectores.
Conforme iba leyendo, la condesa abrÃa excesivamente los ojos y empezaba a perder su serenidad.
—¡Demonio! —murmuró al cabo Richelieu—: Esa es una fuerte calumnia; condesa, cuidado.
—Señor duque, es la copia sencilla, exacta y literal de una carta de la señora duquesa de Grammont, que un correo, que salió esta mañana de Rohán va a entregar en Versalles al señor duque de Choiseul.
—¡Dios mÃo! —exclamó el mariscal—. ¿No nos engañáis?