JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Yo siempre digo la verdad, monseñor.
—¿Es posible que haya escrito la duquesa esa carta?
—Es posible, señor mariscal, puesto que yo os lo aseguro.
—¡Tanta imprudencia!
—En efecto, parece increÃble; pero no cabe duda.
El anciano duque contempló a la condesa, que apenas podÃa articular palabra.
—A la verdad —dijo por último—, debéis dispensarme, conde, que mi opinión sea semejante a la del duque, pues se me resiste creer que madame de Grammont, que es una mujer de talento, haya comprometido con un paso de esa Ãndole su posición y la de su hermano. Además, para saber el contenido de una carta es preciso haberla leÃdo.
—Es más —agregó el mariscal—; si el conde hubiese leÃdo esa carta, la hubiera conservado en su poder, porque es un tesoro muy valioso.
Balsamo movió la cabeza y repuso: