JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Después de un instante de solemne silencio, preguntó Balsamo en francés:
—¿Estás ah�
—Estoy —contestó una voz pura y argentina que atravesando puertas y tabiques llegó a los oÃdos de los que la escuchaban, más como un timbre metálico que como acentos de voz humana.
—¡Hola!, esto va resultando interesante —dijo el duque—, y eso que aquà no hay aparato, ni magia, ni fuegos de Bengala.
—¡Ah!, os aseguro que es una cosa terrible —murmuró la condesa.
—Atiende bien a mis preguntas —continuó Balsamo.
—Ya atiendo.
—Primeramente, dime cuántas personas están aquà conmigo.
—Dos.
—¿De qué sexo?
—Un caballero y una señora.
—Quiero que leas en mi pensamiento el nombre del caballero.
—El señor duque de Richelieu.
—Ahora el de la condesa.
—La señora condesa du Barry.