JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Y el duque de la Vrillière articuló las siguientes palabras, que habÃan guardado en su memoria implacable, como memoria de cortesano:
«Primo mÃo; el descontento que me causan vuestros servicios me ponen en la necesidad de desterraros a Chanteloup, en donde permaneceréis por el término de veinticuatro horas. Os desterrarÃa más lejos, si no influyese la estimación que profeso a madame de Choiseul, cuya salud me interesa grandemente. ConfÃo en que vuestra conducta no me obligará a tomar otro partido».
—¿Y qué os ha contestado el exministro, señor de Saint-Florentin? —le interrogó Richelieu, no queriendo dar al duque ni su nuevo tÃtulo, ni su nuevo nombre.
—Me ha dicho: «Señor duque, estoy convencido del placer que sentÃs al traerme esta noticia».
—Habréis sufrido duro golpe, pobre duque —dijo Juan.
—¿Qué queréis?, más grande ha sido el suyo, y no es extraño que desfogase la bilis sobre mÃ.
—¿PresumÃs lo que ahora va a hacer? —preguntó Richelieu.
—Obedecerá sin titubear.
—Ya —dijo el mariscal.
—Aquà llega el duque —gritó Juan, que observaba desde la ventana todo lo que sucedÃa en la parte exterior.