JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo LXXXVIII

M. DE AIGUILLON SE APROVECHA DE LA PARTE

QUE CORRESPONDE AL REY

Quedóse solo el duque de Aiguillon en la sala de recibo y en una situación algo embarazosa, pues había comprendido perfectamente la proposición de su tío; sabía además que madame du Barry había escuchado toda su conversación con él y no ignoraba que en semejante circunstancia se precisaba más que regular talento para representar sólo la parte que el anciano duque quería repartir entre dos.

La proximidad del rey interrumpió por fortuna la explicación que por necesidad hubiera resultado de la puritana modestia de M. de Aiguillon.

El mariscal tampoco era hombre que se dejase engañar por mucho tiempo, ni amigo de hacer resaltar exageradamente la virtud de otros a expensas de la suya.

Aiguillon, no obstante, tuvo el tiempo necesario para reflexionar después que su tío le dejó solo.

En efecto, el rey llegaba; ya sus pajes habían abierto las puertas de la antecámara y Zamora corría hacia el monarca pidiéndole golosinas, familiaridad que en sus momentos de humor sombrío recompensaba Luis XV con un papirotazo o un estirón de orejas, cosas ambas muy desagradables para el joven africano.


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