JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Yo debÃa odiar a ese más que a todos, porque me promueve terribles trapisondas por toda la Francia; pero tengo la debilidad incurable de conocer que es atrevido y asà no me desagrada.
—Es hombre de mucho talento —agregó la condesa en voz alta.
—Y de mucho valor y energÃa cuando se trata de defender las prerrogativas reales. Es un verdadero par.
—SÃ, sÃ, mil veces sÃ. Debáis hacer algo por él.
Cruzóse de brazos el rey, contempló a la condesa y la dijo:
—¿Cómo os atrevéis a pedirme semejante cosa, cuando toda la Francia está solicitando que degrade y destierre al duque?
También madame du Barry cruzó los brazos y repuso:
—Un momento hace que habéis llamado a Richelieu ave frÃa, y me parece que tenéis derecho para aplicaros esa calificación.
—¡Oh, condesa…!
—Os halláis muy orgulloso porque habéis destituido a M. de Choiseul.
—La cosa no era sencilla ni fácil.
—Lo habéis hecho y esto es lo importante; pero veo que retrocedéis ante las consecuencias.
—¿Yo?