JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Vaya! ¡De qué modo tratáis al vencedor de Mahón!
—¡Buen raposo!
—Señor… Vuestro compañero de armas.
—Un hombre sin moralidad que obliga a huir a todas las mujeres.
—Eso consiste en que no hace caso de ellas.
—No volváis a hablarme nunca de Richelieu, porque es una especie de salvaje: ese maldito vencedor de Mahón me ha metido en todos los juegos de pelota de ParÃs, en tal extremo, que llegaron a dedicarnos canciones. No, no, mil veces no; sólo el nombre de Richelieu me exaspera.
—¿Conque los odiáis?
—¿De quién habláis?
—De los Richelieu.
—Los aborrezco.
—¿A todos?
—A todos. Ahà tenéis entre ellos al par y duque M. Fronsad, que debÃa ser castigado diez veces a la pena de la horca.
—Disponed de él lo que os plazca, pero hay otros Richelieu por esos mundos.
—Efectivamente, el duque de Aiguillon.
—¿Y qué?