JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico En tanto que este se alejaba, Andrea se volvÃa hacia su clave con movimiento tan pausado como antes, y el viajero oyó, al llegar a la última grada, la continuación del aria interrumpida.
Enseguida que entró en su dormitorio, despidió al criado; pero este, aunque acostumbrado a obedecer a una señal, se detuvo junto a la puerta.
—¿Qué hay? —preguntó Balsamo.
Aquel introdujo entonces la mano en el bolsillo de su chupa, y sin despegar sus labios se puso a tocar un objeto que en él se ocultaba.
—¿Tenéis que decirme algo, amigo mÃo? —preguntó Balsamo acercándose a él.
Aquel hombre hizo un supremo esfuerzo sobre sà mismo, sacó entonces su mano, y dijo:
—Señor, querÃa advertiros que habéis sin duda sufrido una equivocación esta noche.
—¿Yo?, ¿y en qué?
—Me habéis dado un luis, creyendo sin duda que eran cinco reales; —y abriendo su mano a la vez le enseñó una moneda nueva y reluciente.
Contempló Balsamo a aquel pobre viejo, sorprendiéndose de encontrar en él una honradez tan poco común entre los hombres; y sacando una moneda de igual valor, la puso junto a la otra.