JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Conque has rehusado la cartera por no disgustar a mi hijo?
—Si te dijera que sà no lo creerÃas, y harÃas bien; no he aceptado porque las exigencias de los du Barry, que empezaban por la exclusión de tu hijo, hubieran ido a parar a toda clase de desatinos.
—¿Pues te habrás indispuesto con esos entes?
—Sà y no: me temen, los desprecio y asà les agradezco lo que me dan.
—Eso es una acción heroica, pero imprudente.
—¿Por qué?
—Porque la condesa tiene crédito.
—¡Bah! —dijo Richelieu.
—¿Cómo dices eso?
—Porque conozco la parte débil, y porque a ser preciso, sé colocar el minero en sitio a propósito para volar la plaza.
—Trasluzco la verdad: sirves a mi hijo por molestar a los du Barry.
—En gran parte sÃ, y no te engaña tu perspicacia: tu hijo es para mà una granada que disparo contra la fortaleza… mas a propósito, barón, ¿no tienes además una hija?
—SÃ.
—¿Qué edad tiene?
—Dieciséis años.
—¿Bonita?