JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Cual una Venus.
—¿Reside en Trianón?
¿Acaso la conocéis?
—He pasado la noche con ella, y he hablado una hora acerca de ella con el rey.
—¿Con el rey? —exclamó Taverney, cuyas mejillas se tiñeron de púrpura.
—SÃ, con el rey.
—¿El rey ha hablado de mi hija, de Andrea de Taverney?
—Y la devora con los ojos, sÃ, querido.
—¡Ah! ¿Es cierto?
—¿Te contrarÃo diciéndote esto?
—A mÃ… no… seguramente… el rey me honra, con contemplar a mi hija… pero…
—¿Pero qué?
—El rey…
—Tiene malos hábitos, ¿no es eso lo que quieres decir?
—Dios me libre de hablar mal de Su Majestad; asà como asà tiene derecho para proceder como le agrade.
—Pues entonces, ¿qué significa ese asombro? ¿Pretendes acaso que la señorita tu hija no es absolutamente bella, y que por consiguiente no la mira el rey con ojos amorosos?