JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Sin embargo, el parecido que tiene con la delfina! Es forzoso pensar en esto, duque.
—He pensado ya en ello: esa semejanza desaparecerá en un cuarto de hora, gracias a Rafté; yo te lo aseguro… Escribe, pues, dos palabras a tu hija, barón, manifestándole lo importante que es para ti que tenga a su lado una doncella, y que esta doncella se llame Nicolasa.
—¿Crees también urgente el que se llame Nicolasa?
—Sà que lo creo.
—¿Y si no se llamara Nicolasa?
—No desempeñarÃa tan bien sus deberes, yo te lo digo bajo palabra de honor.
—Pues voy a escribir ahora mismo.
Y el barón empezó a escribir una carta que entregó a Richelieu asà que la terminó.
—Duque, ¿no instruimos a Nicolasa?
—Ya la instruiré: ¿es muchacha inteligente?
El barón se sonrió.
—Tú me la confÃas… ¿no es eso? —dijo el duque.
—SÃ, a fe mÃa: el asunto corre de tu cuenta: me la has pedido, y te la entrego; haz de ella lo que puedas.
—Niña —dijo el duque levantándose—, venid conmigo, y pronto.