JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sin embargo, era peligrosa para él aquella tentación, pues podía humillar a sus anchas a la que de aquel modo iba a solicitar el perdón. Pero como había estado una noche y otra estremeciéndose cuando se acordaba de Taverney, con el ojo aplicado a la puerta, devorando la embriagadora hermosura de su voluptuosa hija, cada vez más excitado por la sensación preliminar de su amor propio, ya iba a alzar la mano para descorrer el cerrojo que había echado para que no le sorprendiesen; pero dijo allá para sí:

—No, no; esa muchacha procede por cálculo: por temor e interés viene a buscarme; de suerte que siempre ganaría algo; ¿y quién sabe si yo perdería?

Y reflexionando de esta suerte dejó caer la mano, por manera que Nicolasa, después de llamar a la puerta varias veces, se alejó frunciendo el entrecejo.

La ventaja toda quedó por Gilberto, y Nicolasa redobló entonces su astucia para no perder por completo la suya.

Por último, tantos proyectos y contraminas se redujeron a estas palabras, que los dos partidos beligerantes cruzaron entre sí una tarde a la puerta de la capilla, donde por casualidad se encontraron.

—¡Hola!, buenas tardes, señor Gilberto, ¿vos por aquí?

—¡Hola!, buenas tardes, Nicolasita, ¿vos en Trianón?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker