JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico No bastaba dictar semejante sentencia delante de los interesados e inscribirla en las actas judiciales, sino que era necesario publicarla, era necesario dar con ella ese escándalo que nadie teme excitar en Francia con jácaras y canciones, motivos porque la canción domina en nuestro paÃs los acontecimientos y a los hombres; era preciso, en fin, elevar la sentencia del parlamento a la esfera de la canción.
Era justa la sentencia; y el parlamento designó una comisión para que la mandara imprimir a vista de todos, tirándose en consecuencia diez mil ejemplares, cuya distribución se organizó enseguida.
Seguidamente, siendo como era ajustado a las fórmulas que el principal interesado conociese lo que el tribunal habÃa hecho con él, la comisión fue al palacio del duque de Aiguillon, quien concluÃa de apearse en ParÃs para acudir a una cita imperiosa.
Dicha cita no era otra cosa sino una explicación clara y leal entre el duque y su tÃo el mariscal, explicación que cada dÃa iba siendo más necesaria.