JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Dedicóse, pues, a buscar a su tío por todas partes a fin de alcanzar de él una explicación seria; pero nada tan difícil como esto, desde que el mariscal se apercibió de su deseo.
Convertíase todo en marchas y contramarchas, y así que el mariscal veía a su sobrino, por lejos que fuese, le disparaba una sonrisa y se rodeaba enseguida de personas, delante de las cuales no era posible hablar, desafiando desde allí al enemigo, como desde un fuerte irreductible.
Deshizo la tromba el duque de Aiguillon, presentándose pura y simplemente en casa de su tío en Versalles.
Pero encontrábase Rafté de centinela en su ventana, la cuál daba al patio, y conociendo la librea del duque, avisó al punto a su amo.
Entró el duque hasta el dormitorio del mariscal, y allí encontró a Rafté, quien con una sonrisa preñada de confianza, incurrió en la indiscreción de contar al sobrino que el tío había pasado la noche fuera de casa.
Aiguillon mordióse los labios y tocó retirada.
Cuando llegó a su palacio escribió al mariscal solicitando una audiencia.