JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Me diréis, monseñor, qué me interesa a mà que M. de Aiguillon sea o no par de Francia? Creo que vuestro sobrino no me ocasiona ningún agravio.
—Señor Rafté, sois un hombre impertinente.
—Monseñor, ya hace cuarenta y nueve años que me lo llamáis.
—Y os lo repetiré constantemente.
—Lo que me tranquiliza es que no me lo diréis otros cuarenta y nueve años.
—¡Vaya una manera de mirar por mis intereses, Rafté!
—Jamás miraré, señor duque, por los que atañen a vuestras pasioncillas… A pesar de todo vuestro talento, hacéis muchas necedades que yo no perdonarÃa ni a un galopo como yo.
—Señor Rafté, explicaos, y si me equivoco lo confesaré.
—Necesitabais vengaros ayer, ¿no es cierto?, querÃais ver humillado a vuestro sobrino, querÃais llevar, en cierto modo, la sentencia del Parlamento, y escuchar los latidos del corazón de vuestra vÃctima, como dice M. de Crébillon el menor. Pues bien, señor mariscal, esos espectáculos se pagan caro; esas alegrÃas cuestan mucho… Vos sois rico; pagad, pues, señor mariscal, pagad.
—Vos que tanto sabéis, ¿qué hubierais hecho en mi lugar?