JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Ya hacía tiempo que maese Flageot se había dado a conocer por la persistencia con que sostenía el partido de la oposición; pero así que llegó a ser procurador se hizo más violento, no sin que conquistase alguna celebridad. Unida esta celebridad a la publicación de una memoria incendiaria sobre el conflicto habido entre M. de Aiguillon y M. de Chalotais, excitó la atención de M. Rafté, quien necesitaba estar al corriente de los asuntos del Parlamento.

Pero, no obstante, su nueva dignidad, y a pesar de que su importancia iba en aumento, Flageot no dejó la calle de Petit-Lion-Saint-Sauveur, porque hubiera sido una cosa muy amarga para Margarita no oír a sus vecinas llamarle la señora de Flageot y que no la respetaran los escribientes de M. Guildou, que entraron a servir al nuevo procurador.

Fácil es adivinar lo que a M. de Richelieu molestaría el atravesar París, el París nauseabundo de aquella zona, para llegar al hediondo agujero, decorado con el nombre de calle por los ediles parisienses.

Frente a la puerta de maese Flageot, detuvo a la carroza de M. de Richelieu otra que también se detenía.


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