JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Siendo Gilberto de inferior condición, estaba excluido de la sala del castillo de Taverney, y espió a todos los personajes que por su rango figuraba en él.
Observó, mientras que duró la cena, que Balsamo reía y gesticulaba; echó en olvido las atenciones con que Andrea le había favorecido, la inaudita amabilidad del barón, y el celo respetuoso de La-Brie.
Para evitar que Nicolasa le viese después que se levantaron de la mesa, se escondió en un bosquecillo de lilas, pues así se libraba de que interrumpieran su espionaje.
Nicolasa había dejado abierto, cuando hizo su acostumbrada ronda, uno de los postigos de la sala por estar inservibles sus goznes.
Aprovechó Gilberto esta ocasión para seguir el curso de sus observaciones, después que aquella se hubiera acostado.
No se nos oculta, que al decir sus observaciones, esta palabra parecerá ciertamente vaga al lector, pues ¿qué observaciones pudiera hacer Gilberto? ¿Ignoraba acaso algunas de las circunstancias del castillo de Taverney, habiendo nacido en él? ¿Le eran ajenos sus moradores, no habiendo transcurrido sin verlos ni un solo día, durante el espacio de diecisiete o dieciocho años, o es que aquella noche, no sólo estaba preocupado en acechar, sino que, además, aguardaba alguna cosa?