JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Así que salió Nicolasa de la casa, y después de haber lenta y descuidadamente cerrado sus puertas y ventanas, fue a pasearse al jardín manifestando con sus miradas que alguien la esperaba; mas como nada viera, se retiró, dirigiéndose a su habitación.
Mientras, Gilberto, inmóvil y oculto tras de un árbol, respirando apenas, observó todos los movimientos y ademanes de la doncella. Cuando esta desapareció, y hubo visto luz por las ventanas de la boardilla, cruzó de puntillas el espacio vacío, llegó hasta la ventana, y protegido por la oscuridad, devoró con su vista a Andrea que estaba sentada con pereza delante del clave; esperó sin siquiera saber lo que esperaba.
En este momento José Balsamo penetró en la sala.
Se estremeció, y su ardiente mirada se fijó en los dos personajes de la escena que anteriormente hemos referido.
Creyóse que Balsamo cumplimentaba a Andrea por su habilidad, que esta le contestaba con su acostumbrada indiferencia, que insistía él sonriendo, y que ella suspendía su tocata para despedir a su huésped.
Miró la gracia con que este se retiraba; pensó comprenderlo todo, y no había entendido nada, porque la realidad de aquella escena era el silencio.