JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Qué más razón deseáis que las circunstancias!, señor duque, las circunstancias. ¿Sabéis el decreto que ha dado Su Majestad?
—Me parece que sÃ. Pero ¿cuál es?, porque Su Majestad da muchos.
—El que anula el nuestro.
—Perfectamente; y ¿qué más?
—Señor duque, contestaremos a él quemando la escuadra.
—¿Quemando la escuadra? ¿Quemaréis la escuadra del parlamento? He aquà una cosa que no entiendo claramente; y hasta desconocÃa que el parlamento tuviese escuadra.
—¿Quizá se niegue la primera sala, a ver pleitos? —preguntó la señora de Béarn, a quien no distraÃa en manera alguna del suyo el negocio de M. de Richelieu.
—Más aún.
—¿La segunda también?
—Eso no serÃa nada… Las dos salas han adoptado la resolución de no ocuparse de ningún negocio hasta que el rey destituya a M. de Aiguillon.
—¡Bah! —repuso el mariscal dando una palmada.
—De no ocuparse… ¿de qué? —preguntó la condesa conmovida.
—¿De qué queréis que sea, señora?, de los pleitos.