JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿A qué hora?
—Por la mañana.
—Es que al amanecer el dÃa me voy al anfiteatro anatómico y desde allà al hospital.
—Es lo que necesito precisamente, y a no habérmelo propuesto vos, yo os lo hubiera pedido.
—Ya os he dicho que muy temprano, porque duermo poco —dijo Marat.
—Y yo no duermo —contestó Balsamo—, asÃ, pues, al rayar el dÃa.
—Bueno, os esperaré.
Dicho esto se separaron, porque llegaban ya a la puerta de la calle, tan sombrÃa y solitaria cuando ellos salieron como poblada y alegre al entrar.
Marchó Balsamo por la izquierda y desapareció rápidamente.
Le imitó Marat dirigiéndose a la derecha con sus largas y delgadas piernas.
Puntual fue Balsamo, pues al dÃa siguiente a las seis de la mañana llamaba ya a la puerta de la escalera, que situada en el medio de un largo corredor con seis puertas a uno y otro lado, formaba el último piso de una casa ya vieja de la calle de Cordeliers.